Mamá, que soy teacher

Nunca he tenido vocación de profesora, eso no va conmigo. Siempre he pensado que la profesión de profesor es una de las más difíciles que conozco, una de esas que necesita vocación para desarrollarse como es necesario. Yo no la tengo, estoy segura, y tampoco tengo la paciencia necesaria y sé que no aguantaría a una clase, sea cual sea la edad. Supongo que durante mi vida de estudiante me he encontrado a la suficiente cantidad de alumnos pesados como para plantearme que, definitivamente, no quiero ser profesora. Y menos ganas me entran cuando la gente me dice: pero si no quieres ser profesora de inglés, ¿porqué haces una filología inglesa?

Sea como sea, este año he empezado a dar clases particulares de inglés. Yo, que siempre me he negado a dar clase. Pero seamos serios: llega el veranito, las vacaciones, los viajecitos y los caprichos, así que un poquito de dinero no le viene mal a nadie. Así que me inscribí en una página para profes particulares y poco después empecé a dar clases. Al final me hice con cuatro alumnos con los que ejercer de teacher, a cada cual más diferente: tres que cursan 2º de Bachillerato y una mujer que necesita el inglés para el ámbito laboral.

Hay días muy buenos, en los que todo parece fácil y también hay días que se hacen cuesta arriba y no ves la hora de acabar, esos en los que te preguntas si te merece la pena seguir haciendo lo que estás haciendo. Hay mucho trabajo detrás de las clases particulares, mucho material que hay que preparar y mucha organización para seguir algún tipo de programa. Pero también hay mucha improvisación, muchos días en los que tienes que cambiar sobre la marcha lo que tenías pensado hacer porque ves que no es el día para teoría pesada y tienes que improvisar algo de práctica. Tienes que averiguar qué partes de la materia se le hacen más difíciles y reforzarlas, todo ellos sin dejar de lado el resto de partes. Es verdad que con mi alumna adulta tengo más libertad, pero con los de bachillerato hay un programa que sí o sí hay que seguir. Sin olvidar la maldita Selectividad, por supuesto.

Me he dado cuanta de muchas cosas que los profesores han hecho mal conmigo a lo largo de mi vida estudiantil y he buscado la manera de no repetirlas. De alguna manera, me he visto obligada a sacar paciencia de quién sabe dónde para explicar lo mismo las veces que hiciera falta; yo, la que siempre ha sido de yo ya te lo he explicado, si no lo entiendes no es cosa mía. Me he tenido que abrir la cabeza para buscar ejemplos que entendieran, me he peleado con sus libros de texto, con hojas de ejercicios y con su desgana y la mía alguno días. Ah, y con el traductor de Google, ese “gran amigo”.

Pero al final, cuando llegan los resultados y ves que van haciendo pequeños progresos, resulta que es hasta gratificante ver que hacer lo que haces funciona, al menos eso parece. Y ves cómo el que apenas sabía montar una frase decente ahora se lanza a los textos de los exámenes sin hacerlo nada mal, el que le tenía miedo a la asignatura se lo ha perdido o que el que pasaba literalmente de ella ahora le encanta hacer ejercicios de gramática – palabras textuales – , porque hay que buscar pistas para saber qué poner en los huecos y te hacen pensar. Al final acabo yo más nerviosa que ellos esperando sus notas, y sufro con sus casi aprobados y me suben el ánimo cuando al final aprueban. Se me acaba la aventura con algunos de ellos y me da hasta penita.

No te engañes, sigo sin vocación de docente y no creo que la encuentre nunca. Pero puedo llegar a entender, al menos en parte, el porqué de esa gente a la que le gusta enseñar, la buena sensación que te deja por dentro el ver que dan pasitos hacia delante y el que te digan que sin ti no hubieran entendido ese monstruo que es para ellos el inglés.

Creo que me gusta ser teacher así, a pequeña escala. Y creo que quiero seguir haciéndolo, al menos mientras pueda.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. AureaBS dice:

    Es muy satisfactorio ver como los alumnos alcanzan objetivos gracias a tu ayuda, a mí mis pequeñas clases particulares todavía me refuerzan mucho más las ganas de ser docente ^^ Es una de las profesiones más duras, pero también de las más bonitas. Y si, estoy completamente de acuerdo en que es puramente vocacional.

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    1. ndenerea dice:

      En mi caso, muy vocacional no es, por eso no me atrevería a ser profesora en serio delante de una clase, ya hay demasiados profes malos sin vocación. Pero satisfactorio sí es, desde luego. Veremos cómo se me da de aquí en adelante.
      Gracias por pasarte y comentar 😊

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